Presentación de libro Aquí es Todas Partes El Centro de las Artes se complace en invitar a la presentación del libro aquí es todas partes del artista GC Lucas, se contará con la participación de Mentor Tijerina, el miércoles 11 de febrero del 2009, a las 20:00 horas en la planta baja del Centro de las Artes II, todo público, entrada libre.
Aquí es todas partes: tres momentos del paisaje que remiten la geografía emocional de GC Lucas
I. De la evolución del paisaje en la historia del arte de Occidente El paisaje ha sido un tema recurrente en la historia del arte, sobre todo en la pintura. Primero apareció como una simple referencia en las pinturas históricas y religiosas y posteriormente, ya considerado como género pictórico, los artistas de todas las épocas recurrieron a éste para plasmar lo mismo las transformaciones del entorno natural –valles, volcanes, praderas y lagos- que la evolución de la realidad urbana circundante. El gusto estético y el pensamiento de cada época determinaron los caminos de la pintura de paisaje. Así, en cada etapa de la historia del arte existe un desarrollo distinto de éste género. En la cultura grecorromana el paisaje estuvo supeditado a la pintura histórica, al retrato y a los temas mitológicos; funcionaba en la pintura como una especie de ambientación y en las artes aplicadas como ornamento. En la Edad Media los artistas crearon pasajes fantásticos que dejaron de lado la función decorativa para situarse más en el terreno simbólico que aludía directamente a la fe cristina. Con la llegada del Renacimiento las preocupaciones de los artistas se vieron dirigidas hacia el desarrollo y estudio del hombre como centro de todo y al orden racional de la forma. La naturaleza pasó a segundo plano pues no era considerada como producto de la razón y el paisaje se vio relegado a conformar solamente un entorno geográfico y un cierto efecto visual que se denominó como perspectiva. El Barroco, que predominó en los siglos XVII y XVIII, trajo consigo dos propuestas, la del veneciano Giorgione que permeó en la Europa Mediterránea, y posteriormente en la escuela de Claudio de Lorena alcanzando su pináculo en la obra del francés Nicolas Poussin. Por otro lado, en Holanda el paisaje alcanzó la categoría de género, y los artistas se abocaron a explorar las cualidades de la naturaleza y, más allá de copiarla, buscaron utilizarla para experimentar con la luz las diversas tonalidades del espacio natural y también para desarrollar una cierta subjetividad. El Romanticismo fue sin duda el periodo en el que el paisajismo alcanzó su cumbre con artistas como los británicos John Constable, William Turner y el francés Camille Corot. Experimentaron con la perspectiva; los efectos lumínicos y la variación de tonos y colores de la naturaleza le dieron al género una identidad propia que más adelante se consolidaría con la pintura impresionista. II. Del paisaje en el arte contemporáneo Con la pintura abstracta el paisaje devino metáfora. Más que una representación del entorno natural, se convirtió en una referencia del interior, recordemos los paisajes metafísicos de Mark Rothko. El paisaje en el arte contemporáneo es ya la construcción de lo subjetivo. El exterior, lo mismo rural que urbano, sirve para mostrar el estado del alma del artista, sus preocupaciones sociales, políticas y conceptuales. El paisaje en la pintura actual es entonces lo que podría denominarse una geografía emocional.
III. Del paisaje como geografía emocional El trabajo de GC Lucas tiene de entrada una incuestionable intensidad lumínica. Quizá sea la cercanía con el desierto, pero si algo se percibe al estar frente a muchas de sus piezas es un golpe seco de luz, un destello contundente y salvaje, que persiste y se transforma en paisaje, en mensaje. Instantes de la memoria, momentos registrados con rapidez casi por accidente. Como en los sueños o en las visiones o, mejor dicho, en las premoniciones que encarnan en imagen para hacer más nítido su carácter de advertencia. Atisbos de un porvenir que no puede existir sino en el presente. Allí delante, en el futuro, está, efectivamente, la muerte. Pero desde aquí se observa como un instante atrapado en un paisaje lento, que parece derretirse y que en realidad está inmóvil. Inasible, como el tiempo. Estéril, predeterminado. Como si eso que va a suceder en efecto fuera inevitable.
Ana Elena Mallet
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